picaflor

El picaflor

“Cuando tenía 12 años andaba con mi amigo Martín en mi barrio, siempre de arriba para abajo, para todos lados como buenos amigos.  Un día trajo una carabina de presión de aire que disparaba balines y nos pusimos a disparar a objetos en el parque; tocó mi turno y vi algo volando que se detuvo estático a 10 metros frente a mi,  le apunté, disparé y cayó.

Con gran alegría por la hazaña y destreza de mi tiro salimos corriendo a ver qué era. Al ver lo que había acertado me di cuenta que era un picaflor que estaba tendido en el jardín.

Su cuerpecito menudo y de colores indescriptibles me congojaron y pasó por mi una sensación que nunca había experimentado jamás hasta mis 12 años de edad. Lo que había hecho era quitarle la vida a un hermoso ser que no me había hecho nada y que por razones absurdas le disparé y le quité la vida a un maravilloso animalito.

A los 12 años, aún en formación, nuestra conciencia de las cosas y nuestro entorno no es claro y no diferenciamos necesariamente lo que es correcto o no.

Desde ese día viví pensando en ese momento.

A pesar de mi pésima memoria recuerdo muy bien que a los  3 años me encantaban los pajaritos cuando bajaban al patio de mi casa para comer lo que estaba en el piso y recuerdo que yo los llamaba diciendo: ¡Pillito ven!, ¡Pillito ven!.

¿Cómo es posible que tal desgracia haya sido causada por mi?.  Esto me marcó, aunque quizás algunos no lo entiendan. Amo a los pajaritos, a las flores y las mariposas y contradictoriamente una acción mía  le quitó la vida a  un ser tan maravilloso.

Ayer 14 de junio de 2013 andaba hablando por teléfono por el parque con mi novia, discutiendo entre su punto de ver las cosas con el mío, momento nada agradable, cuando de pronto, al bajar la mirada al suelo, observé a un lado de la vereda y el pasto un picaflor tendido con muchas hormigas que lo estaban picando.

El picaflor se notaba muy débil y luchando entre sus pocas fuerzas y las ganas de vivir. Corté inmediatamente la llamada en la que estaba y me propuse quitarle las hormigas que le rodeaban todo su diminuto cuerpo. El picaflor estaba muy sujeto a una raíz del jardín y no se soltaba, tuve que arrancar la raíz para poder levantarlo porque si lo jalaba le podía romper su patita que estaba firme a la raíz.

Retiré una  a una las hormigas que le picaban con mucho cuidado ya que es un animalito muy frágil. Tenía miedo de causarle daño alguno. Las retiré soplando y con mucho cuidado con los dedos.

Al rato, pasó un jardinero y le pregunté qué podía hacer – y me respondió que lo dejara porque de todas maneras iba a morir ya que siempre caen pajaritos y las  hormigas se lo comen- pero que en todo caso  le de un poco de agua.

Así que busqué a otro jardinero que estaba a unos veinte metros con una manguera y le proporcioné un poco de agua que el picaflor no llegó a beber. Le pedí al Jardinero que por favor me obsequiara una flor para poderle dar algo de comer. Y él la arrancó del jardín y me la dio.

A los minutos tenía que asistir yo al evento de mi hijo por el día del Padre, así que fui a mi departamento y lo dejé con agua y con su flor en una jardinera que yo tenía. Ya sin las hormigas y con más ánimos, incluso con sus ojitos abiertos.

Al salir del evento me fui a una reunión y luego cuando regresé para ver al picaflor en la jardinera vi que ya estaba muerto.

Sentí mucha pena cuando tenía las hormigas que le picaban en el momento que encontré al picaflor pero, luego cuando lo vi que estaba muerto en mi jardinera, me di cuenta que al menos no murió comido por las hormigas y que murió por muerte natural luchando por vivir y… al lado de su flor. En ese instante oré por el picaflor para que se uniera al universo.

Recordé cuando tenía 12 años, y hoy vi morir nuevamente a este hermoso animalito. Pero esta vez hice lo posible para salvarlo. Sea como haya sido esto, ¿Quién puede tener la dicha y la bendición de tener un picaflor en sus manos al menos por un instante?

Yo la tuve…, la primera me equivoqué en mis actos,… y la segunda, a pesar que no pude evitar lo inevitable, intenté lo posible para salvarlo.

A veces tenemos cosas, momentos, circunstancias o personas maravillosas en frente nuestro y nosotros somos los dueños de nuestros actos, sobre lo que nos rodea… de destruirlo o de salvarlo.”

 Mauricio Guillén

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